Surcando los siete mares

No voy a descubrir la talla como marino de D. Luis de Córdova y Córdova, pues desde la cuna amó el mar y aprendió a surcarlo, librando batallas y sorteando temporales. Un caballero de la orden de Calatrava, que nació en Sevilla y llegó a ser nombrado Director General de la Armada y su insignia fue enarbolada en el alcázar de los mares, el coloso navío Santísima Trinidad.

Numerosas misiones y ascensos, enfrentamientos contra los ingleses y movimientos audaces que le valieron la admiración de sus hombres y el respeto por sus enemigos. D. Luis defendió a ultranza el imperio español y luchó como un jabato, hasta que falleció con 90 años en San Fernando (Cádiz).

Hoy quiero detenerme, entre tantos, en un episodio glorioso y épico que bien vale una película o un libro de aventuras. Resulta que en plena Guerra de la Independencia americana, donde las colonias se levantaron contra los ingleses, España y Francia tomaron partido por los sublevados, declarando la guerra a la Pérfida Albión. 

Guerra de la Independencia americana

Aquellas colonias, germen de lo que hoy es EEUU estaban oprimidas por las leyes inglesas respect al comercio, que solo buscaban el beneficio, sin importarle el desarrallo de las colonias ni la fundación de universidades o el desarrollo del urbanismo. No es de extrañar la sublevación. Así, desde que consiguieron la independencia 1775 a 1817, pasaron de 2,5 millones de habitante o 8,5 millones. Un desarrollo bestial cuando se quitaron el corsé.

Lo cierto es que en este periodo de tiempo destacaron muchos personajes como el gobernador de la Luisiana, D. Bernardo de Gálvez (muy considerado en el Congreso de EEUU), el comerciante bilbaíno Diego María de Gardoqui o el almirante José Solano; además se intentó tomar Gibraltar, aprovechando la coyuntura, pero lo que está claro es que España tuvo mucho que ver y ayudó en extremo para que las 13 colonias consiguieran su independencia. Episodio este que se olvidó a posteriori cuando los americanos fueron robando territorio o cambiándolo por una mísera cantidad que después no abonaban. Ahí tenemos, como ejemplo, la guerra de cuba y el sabotaje del Maine. Ni que decir tiene que en la actualidad se está borrando todo lo español y de nuevo se saca a relucir la leyenda negra.

Volviendo a nuestro personaje, en ese tiempo de guerra donde el Atlántico era un hervidero de embarcaciones, en un trasiego de idas y venidas, transportando soldados e impedimenta, D. Luis comandaba una escuadra combinada franco-española, con la que intentaba dar un escarmiento a los británicos. Lo mismo los acorralaba en el canal que los obligaba a refugiarse en sus puertos, provocando el colapso del comercio. No había tregua. Pero lo que más repercusión tuvo fue la captura de un enorme convoy inglés.

La captura del convoy inglés

Resulta que un rico convoy británico partió rumbo a Norteamérica y a la India con provisiones, dinero, armas, munición y soldados. Material necesario para ayudar a las tropas que luchaban en la guerra. Sabedor de esta línea de abastecimiento marítima, D. Luis buscó con su escuadra alguna vela en el horizonte que le indicara el rumbo de ese convoy. Una vez descubierto, sobre el cabo de Santa María, al mando de sus 27 navíos, el 9 de agosto de 1780, emprendió la caza y capturó 57 fragatas cargadas hasta los topes. El golpe logístico para Inglaterra fue bestial, el mayor sufrido por la Royal Navy, incluso la bolsa se resintió. A todo esto nuestro protagonista contaba con 74 años. 

D. Luis hizo 3000 prisioneros, hizo acopio para la causa de todo el material y las tres fragatas de guerra que escoltaban al convoy pasaron a la Marina Real de España. A pesar del intento de recuperación y la persecución inglesa posterior, Córdova logró llevar a todas las embarcaciones al puerto de Cádiz, donde casi provoca el caos al no tener el mismo tanta capacidad. Por esto D. Luis se convirtió en el héroe del momento y su hazaña fue contada por doquier.

Marino de leyenda

Nuestro protagonista, a pesar de su edad, siguió navegando, luchando y demostrando su maestría pero el golpe de efecto en los ingleses, con el apresamiento del convoy fue determinante para inclinar aún más la balanza a favor de las 13 colonias americanas. Cuestión esta que pasa muchas veces desapercibida.

Incluso con 73 años, cuando los franceses opinaban que, aunque era un buen oficial, era ya muy viejo, Floridablanca lo dejaba muy claro en una misiva fechada en Aranda el 27 de noviembre de 1779, pues decía que “el viejo es más alentado y sufrido que los señoritos de Brest”, añadiendo “que ninguno de sus detractores habían podido adelantar, mejorar o rectificar ninguno de sus planes”. Eso hablaba maravillas de D. Luis, un patriota y un experto marino. Si hubiese sido americano, más de una película hubiese caído.

Enterrado en el Panteón de los Marinos Ilustres de San Fernando, lugar del que puso la primera piedra, D. Luis de Córdova y Córdova se merece un homenaje y un reconocimiento pues fue un valiente, un osado marino y un defensor del pabellón español, allá por los 7 mares. 

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