Cuarto Viaje

El cuarto viaje de Colón no tuvo apenas trascendencia. Sin el privilegio real y sin gozar ya de la exclusividad en la exploración del nuevo mundo, tan solo pudo conseguir financiación para este último trayecto, como un favor postrero por todo lo conseguido.  Pero, a pesar de todo, fue todo un desastre. 

El 9 de mayo de 1502 salía de Cádiz con cuatro barcos y 159 hombres y su misión era encontrar el paso hacia las Islas de las Especies. Pero la navegación se perdió por diversos derroteros. 

Colón tenía prohibido, por orden Real, desembarcar en isla de La Española y así se lo hizo saber Nicolás de Ovando, gobernador de la isla. Así que se dirigió a Jamaica. Lo único reseñable del viaje es que descubrió las actuales Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, recorriendo gran parte de la Costa de Centroamérica.

Naufragio en Jamaica

Con los barcos comidos por la broma y completamente podridos, no podía contar con ningún calafate para repararlos, así que el viaje estaba abocado al fracaso. Así, en aquella travesía por la costa de Panamá, buscando el paso anhelado, perdió 2 de los barcos y se dispuso a poner rumbo a La Española buscando salvar lo que le quedaba de la expedición. Pero la mala fortuna lo golpeó y en junio de 1503 encalló con sus hombres, y con los dos barcos restantes, en Jamaica, una isla aún sin colonizar. No había posibilidad ninguna de salvación pues no había asentamiento en aquel lugar ni posibilidad de esperar un barco para volver. 

Y allí, en medio de lo desconocido, rodeados de tribus indígenas y donde los supervivientes montaron un campamento con los cascos de las naves, surgió la heroicidad. Diego Méndez y Bartolomé Fiesco, dos hombres de confianza fueron desde Jamaica a la Española en canoa, a golpe de remo en medio del mar caribe. Colón entregó a Diego Méndez una carga dirigida a los Reyes Católicos, conocida como Lettera Rarísima, conservada en la Biblioteca Universitaria de Salamanca. 

Los héroes

Con las condiciones óptimas, y junto a algún que otro remero indígena, hicieron acopio de provisiones y al cuarto día de partir llegaron a la Española. Una vez que hubieron descansado se lo hicieron saber a Nicolás de Ovando pero el tiempo se prolongó sin que este moviese un dedo para salvar a los náufragos. Finalmente, después de más de 6 meses desde que partieron en la canoa, el gobernador envió un barco, que fondeó a distancia, haciendo llegar a los supervivientes un cerdo asado y vino. 

Las disensiones y disputas en Jamaica eran máximas entre los partidarios de Colón y los partidarios de los hermanos Porras. Al principio los indios eran amistosos y les llevaban comida, pero después dejaron de hacerlo por los malos modos. Colón tuvo que echar mano de sus dotes astronómicas para amedrentar a los pobladores y así conseguir provisiones.  Motines, batallas y peleas que tensaron aún más la situación, mermando el poco prestigio del Almirante.

El 29 de junio de 1504, finalmente y por mediación de Diego Méndez, el héroe que viajó de Jamaica a la Española en 4 días, llegó una carabela para recoger a los 110 miembros de la tripulación que aún quedaban con vida. Tardaron 45 días en llegar a la Española, por motivos de los temporales. No olvidemos que Diego tardó cuatro.

Al fin, 7 de noviembre de 1504, llegaba a Sanlúcar de Barrameda Colón e su hijo Hernando, después de haber pagado sus pasajes desde la Española. Muchos hombres decidieron no regresar de aquel cuarto viaje, un viaje que, si no hubiese sido por aquellos audaces remeros, hubiese pintado de otro color.