El lenguaje de la escultura

El famoso artista del renacimiento, Michelangelo Buonarrotti, al terminar su obra más realista, El Moisés, mirándolo con detenimiento y sobrecogido por la expresión de su rostro, imponente y magnífico, le golpeó en la rodilla derecha y le preguntó: “¿Por qué no me hablas?”. 

La escultura, según John Ruskin, “no consiste en el simple tallado de la forma de una cosa, sino el tallado de su efecto” y eso es lo que hacía Luisa Roldán, La Roldana, con sus tallas, dotarlas de realismo, de efecto, de pasión y humanismo por los cuatros costados. Una precursora en su arte, una pionera y un genio del barroco.

Luisa Roldán, la gran artista

Y parece que Luisa está recobrando el protagonismo que tuvo y que no fue reconocido. Hace poco la prensa se hacía eco de que la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, había adquirido el relieve “Virgen de la Leche” de “La Roldana” (la que ilustra este artículo), para el museo de Bellas Artes de Sevilla, incorporando así a su colección una obra de la artista barroca sevillana, que solo estaba representada por una cabeza de San Juan Bautista niño. 

Esculturas en madera para entablar una conversación, para hablar con ellas, para estar más cercana al pueblo. Y todo siguiendo los cánones del Concilio de Trento, que daba las directrices para humanizar el arte de las imágenes y para acercar la religión al pueblo.  

Luisa Ignacia Roldán Villavicencio nació en Sevilla el 8 de septiembre de 1652 y fue la primera escultora española registrada y la primera en la corte española, siendo una de las principales figuras de la escultura Barroca en Andalucía, entre final del siglo XVII y principios del XVIII. A tanto llegó su fama que se la reconoció como una escultora tan importante como su padre, Pedro Roldán.

Ingenio, maestría e imaginación

Luisa era la quinta de 12 hijos y pronto arrimó el hombro en el taller de su padre, pues había adquirido enorme fama y la carga de trabajo era considerable. No fue la única pues, según se sabe, su hermana Francisca se dedicó a la policromía y María, su otra hermana, también se dedicó a la escultura, como ella. Tenía un buen maestro en su padre, profesor que fue de la Academia de Sevilla desde 1660. 

Ingenio, maestría desde los primeros golpes de gubia, imaginación y atrevimiento para tomar partido, cada vez con mayor importancia, en los trabajos del taller de su padre. Un taller que, por otro lado, tuvo que ser ampliado por los numerosos encargos que recibía. 

Y allí en el taller, en su lugar de trabajo y aprendizaje continuo, se prometió en matrimonio con Luis Antonio Navarro de los Arcos, aprendiz del escultor Andrés Cansino. Pedro Roldán se opuso al casamiento, pero su hija, aprovechando la carga de trabajo de su padre, se puso de acuerdo para casarse con su prometido sin el consentimiento paterno.

Con estos mimbres para una novela, tuvo lugar “el rapto de la Roldana por el aprendiz Luis Antonio de los Arcos” pues resulta que, para escenificar ese casamiento sin consentimiento, Luis Antonio se sirvió del procurador de los tribunales, Vicente De Ballesteros para proceder. 

El rapto de la Roldana

Así, el procurador, en nombre de Luis Antonio, a la petición ante el juez de la iglesia, Matías de los Reyes Balenzuela, el 17 de diciembre de 1671, de querer contraer matrimonio con Luisa Ignacia Roldán “con la que había tratado de requiebro de dos años a esta parte, dándose palabra de casamiento el uno al otro y deseando que su matrimonio fuera según orden de nuestra Santa Iglesia”, solicitaba que un alguacil del arzobispado fuera a buscar a Luisa y llevada ante el juez para declarar con respecto a la palabra dada. 

Testigos varios afirmaron estar presentes, el 15 de diciembre, cuando se dieron palabra de casamiento. Y el mismo 17 de diciembre, el alguacil Juan Nieto llevó a Luisa ante el Juez. Ésta declaró que era “moza doncella”, que no era pariente de Luis Antonio, que no tenía voto de castidad y que, a pesar de dar su palabra a éste, no podía cumplirla por la negativa de su padre.

Después de la declaración, el Juez mandó que la joven fuese llevada a la casa del dorador Lorenzo de Ávila, para que la “tuviera en su poder con la guarda y custodia necesaria y que no la entregara a persona alguna sin licencia y mandamiento judicial”.  Una declaración parecida hizo Luis Antonio. Y finalmente el 25 de diciembre de 1671, en la iglesia de San Marcos, el matrimonio se celebró con numerosos testigos, pero sin el padre de la novia. 

De Sevilla a Cádiz

A raíz del matrimonio, con varias mudanzas a sus espaldas y con tan solo 19 años, Luisa empezó una prolífica producción escultórica en esta su primera etapa sevillana. Su marido, casi con toda seguridad, se encargaría de la policromía de las tallas que, en su mayoría, han quedado como anónimas o firmadas por él pues una mujer no podía firmar una escultura en aquellos tiempos. Seguramente en esta fase, la relación con su padre mejoró pues constan colaboraciones varias. 

Después de esta primera etapa de aprendizaje y primeras obras en Sevilla, en 1686 se trasladó a Cádiz para realizar diversos trabajos escultóricos, encargados por el cabildo catedralicio, concretamente “figuras de Patriarcas y ángeles para su Monumento”. Y estando en la capital gaditana recibió el encargo de los diputados municipales, para realizar las esculturas de San Servando y San Germán, que serían expuestas en la sala capitular del Ayuntamiento de la ciudad.

Durante la estancia en Cádiz realizó numerosas tallas para la ciudad y pueblos de la provincia. Imágenes para procesionar, santos para venerar, dolorosas, la Sagrada Familia y representaciones del Niño Jesús. Tal fue el prestigio y la huella dejada en la provincia que el 23 de abril de 2016, el Ayuntamiento de Puerto Real rotuló una plaza con el nombre de “Imaginera Luisa Roldán”.

Escultura de Cámara en la Corte

Hacia finales de 1688 o principios de 1689, Luisa, junta a su familia, se decidió trasladarse a Madrid, buscando reconocimiento oficial y una mejor situación económica. Y esto se sabe porque su hija, María Bernarda, ya nace en Madrid en febrero de 1689. 

Con pequeños encargos de nobles y potentados, la familia fue sobreviviendo mientras esperaba que el rey Carlos II la nombrara escultura de cámara (contaba con la protección y el mecenazgo de Cristóbal de Ontañón, ayuda de cámara del rey), llegando este nombramiento el 15 de octubre de 1692. 

Y aunque llegó el prestigio (firmaba añadiendo “Escultora de cámara”), la situación económica no cambió (los trabajos estaban mal pagados o, incluso, no cobraba. Había una crisis brutal en el reino) y tuvo que realizar trabajos particulares para sobrevivir. Incluso su marido solicitó, para paliar la situación límite de la familia, el puesto de “ayuda de furriela” pero no le fue concedido.  

Muerto Carlos II, Luisa luchó lo indecible para el que el nuevo monarca, Felipe V, la nombrara nuevamente escultora de cámara, pidiéndole casa para vivir y ración para mantenerse ella y sus hijos. Así en octubre de 1701 se le concedió de nuevo el nombramiento. A pesar de todo, de sus obras, de su prestigio y de ser escultora de cámara, poco antes de morir, el 10 de enero de 1706, hizo “declaración de pobreza”.

Un gran legado escultórico

No voy a detenerme en las innumerables obras que tiene repartidas por todo el mundo, en los mejores museos y colecciones. Es grande su legado, por las esculturas de imaginería que nos ha dejado, además de terracotas de pequeño formato. Gran especialista en Belenes, relieves, natividades, Niños de Dios, ángeles, dolorosas, diversos santos, Jesús Nazareno y una larga muestra de grupos escultóricos que evidenciaba su enorme maestría. Os invito a profundizar en su figura y a buscar la maravillosa obra de Luisa, La Roldana.

Sirva este artículo para su reconocimiento y admiración.

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