Fiestas y costumbres

Fiestas populares que beben de la tradición más ancestral, que se basan en hechos que ocurrieron o leyendas románticas para alimentar relatos y pasiones. Costumbres que vienen de lejos y que tienen un porqué, una razón o un principio. Como le ocurre a la famosa Caballada de Atienza, en Guadalajara.

Esta fiesta popular, de raigambre y solera, es una de las más antiguas de España. Declarada de interés turístico nacional, transcurre cada domingo de Pentecostés y sus jinetes, los protagonistas de las carreras, son los miembros de la Cofradía de la Santísima Trinidad, una de las agrupaciones castellanas más antiguas. Pero ¿Cómo surge esta fiesta? ¿Qué se conmemora?. Para explicarlo viajaremos al siglo XII.

El Rey Niño

En 1157 el rey Alfonso VII fallece y divide el reino entre sus dos hijos. El Reino de León se lo deja a su hijo Fernando y el Reino de Castilla se lo deja a Sancho, que reinaría como Sancho III. Pero éste, falleció 1158, solo un año después de su padre, dejando el reino de Castilla en manos de su hijo de 3 años Alfonso, el futuro Alfonso VIII, el de la Navas de Tolosa (y que bien merece un extenso artículo).

Sancho III había dispuesto en su testamento que la tutoría del pequeño Alfonso seria ejercida por la familia de los Castro. Pero otra familia noble y con influencia, que deseaba ese cargo, los Lara, aprovechó para arrebatar a la fuerza al pequeño rey. Los Castros, impotentes ante el desconcierto y el secuestro, pidieron ayuda al Rey de León, el cual vio una oportunidad, en la disputa entre los Lara y los Castro, para apoderarse de Castilla.

Los Lara y los Castro

En esa lucha intensa, donde ya los Lara ejercían de tutores e influenciaban en el joven Alfonso, Manrique Pérez de Lara pactó la entrega del rey a los Castro en la ciudad de Soria. Pero estando allí, Pedro Núñez de Fuenteamegil logró sacarlo para llevarlo primero a San Esteban de Gormaz y después a Atienza, que estaba bien fortificada y protegida. La ciudad no tardó en sufrir un duro asedio por parte de Fernando II de León.

Los Lara tenían que actuar rápido para no perder la tutoría del joven rey así que, un día de la primavera de 1163, contando Alfonso con 8 años, los arrieros de Atienza, vestidos como de costumbre y con la intención de hacer peregrinación a la ermita de la Virgen de Estrella, salieron de la ciudad montados en sus caballos. Entre ellos, vestido de arriero, iba Alfonso, el futuro rey de Castilla. En la ermita simularon normalidad y celebraron una romería.

La Caballada

Los atentos vigilantes leoneses, sitiadores de Atienza, al ver la caballada y la celebración, relajaron sus menesteres y pasaron por alto los importantes detalles. Así, ante aquella situación, ante aquella oportunidad, llevaron a Alfonso, primero a Segovia y después a Ávila, poniéndolo a salvo. La huida duró 7 días, 7 jornadas que también se conmemoran, celebrando, el día antes de Pentecostés, el sábado de las 7 tortillas.

Desde aquel entonces, desde aquella primera salida, los miembros de la Cofradía de la Santísima Trinidad, heredera de la antigua cofradía de arrieros y conocida popularmente como “de la Caballada”, recuerdan el hecho a lomos de sus caballos, vestidos a la antigua usanza y al son de tamboriles y dulzainas.

Alfonso VIII estuvo muy influenciado por los Lara, influencia que marcó el carácter de lo que fue, después, un gran Rey, digno de libros y películas. La derrota terrible de Alarcos, la frontera del Guadiana, las disputas, intrigas y luchas por el territorio, el castillo de Salvatierra, la amenaza almohade y la gloria de la Batalla de las Navas de Tolosa, con la carga de los tres reyes, para abrir las puertas de Andalucía a la reconquista.

Detalles para la historia, tradiciones y leyendas, hechos que no deben quedar en el olvido y merecen ser recordados. La caballada de Atienza es uno de ellos, una fiesta que bebe en el tiempo, de la historia y la tradición.

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