Locura Iconoclasta

Estamos asistiendo, con asombro, a unos movimientos estudiados y manejados que, bajo la excusa del racismo, pretenden reescribir la historia. Y, como la pólvora, se expande por occidente metiendo la mano en cualquier asunto que suene homófobo. Desde la retirada de la estatua del emperador romano Constantino en Inglaterra a “machacar” literalmente a la marca registrada “congitos” por supuesto racismo. Es de locos. Ya lo decía en mi artículo sobre hispanofobia. 

Es cierto que, como dice Héctor Ríos, un seguidor del blog, para centrarnos en EEUU es necesario conocer su actualidad multicultural, incluso visitar el país, pues en la mayoría de los estados (incluida Puerto Rico) podemos encontrar estatuas, calles y edificios públicos que homenajean y tributan a España, por su legado en aquellas tierras. ¿Acaso se puede cuestionar la grandeza de la hispanidad y el carácter violento de los ataques a monumentos de figuras españolas en Estados Unidos? Son minorías que hacen mucho daño cuando destrozan los bustos de Cervantes o Colón, pero hay que decir que se ven influenciadas por agendas ideológicas, exhiben un victimismo exagerado y pretenden imponer su débil moral. Y todo, bajo el detonante del lamentable asesinato del señor George Floyd.  Pero, ahora me pregunto ¿Cuántas víctimas sigue habiendo? ¿Cuántos católicos mueren en África? ¿Cuánta esclavitud hay aún en el mundo? ¿Y alguien dice algo o se manifiesta al respecto?

El Defensor de los indios

Dando la razón al Sr. Ríos y diciendo que se debe conocer la sociedad norteamericana mejor, quiero insistir en el legado hispano en América. Y, siguiendo la senda de Isabel la Católica, con su férrea defensa de los indios, hoy quiero hablar de Fray Junípero Serra, cuya estatua también se ha derribado. ¿Alguien sabe quién fue? ¿Algunos de los que han tirado su escultura lo conocía? Pues personas como Fray Junípero, acérrimo defensor de los indios, son dignas de admiración.

No voy a escribir una biografía extensa sobre este fraile franciscano sino quiero dar unas pinceladas de su obra. Mencionar, ante todo, que es el único español que tiene una estatua en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio, en EEUU. Aquí están representados los personajes más ilustres de la nación norteamericana y cada estado federado tiene derecho a proponer dos nombres de personajes ilustres para inmortalizarlo con un monumento. La estatua de Fray Junípero está en el pasillo principal y fue propuesta por el estado de California. ¿Por qué? Ahora lo veremos.

José Miguel Serra y Ferrer nació en Petra (Mallorca) en 1714 y en 1731 profesó en el convento de los franciscanos de Palma, cambiando su nombre de nacimiento por el de Junípero. En 1749 viaja a Nueva España (México) junto a otros religiosos, como misionero apostólico. Y destinado en la región de Sierra Gorda, ejerció diferentes cargos en los conventos franciscanos de la zona y llevó a cabo su misión. Allí estuvo 9 años 

Pero el objetivo de Fray Junípero en las misiones iba mucho más allá del fomento del cristianismo, el bautismo y la evangelización. Él llevaba a cabo actuaciones materiales de subsistencia, como la ganadería y la agricultura, enseñando estas labores a los indígenas, incluso a hilar y tejer. También educó a los amerindios en diversas áreas y levantó numerosas iglesias.

Misiones en California

Entonces, Carlos III llevó a cabo la expulsión, mediante pragmática sanción de 1767, a los jesuitas de todos los dominios de la corona, incluido el Virreinato de Nueva España. Así, los jesuitas que atendían a la población de California fueron sustituidos por 16 misioneros franciscanos, encabezados por Fray Junípero. Y una vez en el nuevo territorio decidieron seguir explorándolo para llevar el Evangelio lo más lejos posible y, sobre todo, enseñar a los indios a cultivar y moldear la arcilla, entre otras labores de básicas para sobrevivir.

Fray Junípero, amén de las misiones que visitó, fundó la misión de San Diego de Alcalá (Actual San Diego) el 16 de julio de 1769. El 3 de julio de 1770 la de San Carlos Borromeo. En 1771, ponía la primera piedra de la misión de San Antonio de Padua y en agosto del mismo año la de San Gabriel (actual Los Ángeles). En 1772 fundaba la misión de San Luis Obispo de Tolosa, en 1776 la de San Francisco de Asís (actual San Francisco) y en 1782 la San Buenaventura. La mayoría de estas misiones estaban conectadas por la ruta conocida como “Camino Real”.

En su incansable labor, se llegó a enfrentar con todos mandos militares que trató, en defensa de los indios y de sus derechos. Incluso, cuando la jefatura de los estados de California cayó en manos de Pedro Fages, que los sometió a una presión enorme, maltratando a los indígenas, viajó a Ciudad de México para entrevistarse con el virrey Bucarelli. Le presentó un texto titulado “Representación sobre la conquista temporal y espiritual de la Alta California”, conocido también como Representación de 1773, que ha sido calificada como una Carta de Derechos de los indios. Y lo que pedía era, básicamente, que la responsabilidad de gobernarlos recayera en los misioneros, preocupados por el bienestar, y no en mandatarios inútiles y crueles. 

Un legado enorme

Fray Junípero, luchó, defendió hasta la saciedad, educó y enseño a los indios de California para que sobrevivieran, para que, establecidos alrededor de las misiones, cultivaran sus tierras y comieran su pan. Así, con entusiasmo y energía, a la vez que aquellos misioneros catequizaban, enseñaban nociones de agricultura, ganadería y albañilería, les proporcionaban semillas y animales, los instruían en técnicas de carpintería, albañilería o herrería, así como en otras labores importantes. Aquel cambio en la cultura indígena caló tan hondo que aún hoy perdura. 

Fray Junípero falleció en la misión de San Carlos Borromeo el 28 de agosto de 1784 y sus restos descansan en la Basílica de la Misión que él mismo fundó. En 1988 fue beatificado por Juan Pablo II y en 2015 canonizado por el Papa Francisco. Su legado, su repercusión ha llegado hasta nuestros días. 

Cierto que en México empezó su ardua misión, pero quitando Querétaro, en Sierra Gorda, donde hay una estatua suya en la Plaza de los Fundadores, y algunas referencias en sellos y estampas, apenas cuentan con testimonios visibles que homenajeen su memoria. Una lástima por todo lo que hizo, por todo lo que lucho para proteger y mejorar la vida de las poblaciones autóctonas. 

La historia, como testigo del pasado

Y ahora vuelvo a preguntar ¿Saben las personas que tiraron su efigie o la atacan en Mallorca, quien fue Fray Junípero? En California se le venera y se le respeta por lo que hizo y por lo que sembró, eterno defensor de los indígenas, de ahí la elección para erigirle la escultura en el Capitolio. Así, en el polo opuesto y como ejemplo para la historia que fue, podemos citar al ejército yanqui que, para aniquilar a los indios de California y quedarse con sus tierras (porque había oro), repartió mantas con viruela entre las tribus. O como aquel oficial norteamericano, llamado Philip Sheridan que, durante las guerras indias dijo: “El mejor indio es el indio muerto”. Ante esto, ¿Quién protegía de verdad a los indios? Es para aprender un poco del pasado y no hacer brindis al sol. Lo más curioso, para bien o para mal, es que todo forma parte de la historia.

A pesar de todo, no dudo de que los norteamericanos, incluso la mayoría de los hispanoamericanos, conozcan la historia de su país, del legado hispano y del ayer, con sus luces y sombras. Napoleón decía que era necesario conocer la historia, para no repetirla. Y el gran Cervantes decía: “La historia es testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente y advertencia de lo porvenir”. Más claro agua. Aceptemos el pasado, vivamos el presente, aprendamos de los errores y preparemos el futuro, intentando dejar un planeta cordial y amable. 

Por Fray Junípero Serra, defensor de los indios. Aquí os dejó un video muy esclarecedor.   

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