Películas de Indios y vaqueros

Recuerdos de jinetes cabalgado en bastas llanuras besadas por el sol, bajo el nítido traje de una banda sonora pegadiza y una aventura por vivir. Recuerdos del ayer que marcaron la infancia y un sueño de ser un valiente vaquero que rastrea por paraje indómitos. 

Ni que decir tiene que cuando hablamos del duro y lejano Oeste se nos vienen a la memoria aquellas míticas películas que disfrutábamos en familia alguna que otra tarde de verano: Río Bravo, La diligencia, Murieron con las botas puestas, Por un puñado de Dólares, Sólo ante el Peligro, los 7 magníficos, Centauros del Desierto o la Legión invencible. Películas con las que crecimos, que se hicieron leyenda y trazaron una senda, pues enseñaron a la opinión pública el difícil nacimiento del pueblo americano. Todo muy idílico y mitificado donde los buenos eran los soldados de caballería y los malos los nativos furiosos que defendían la tierra de sus ancestros. Una escena vendida a base de marketing, publicidad y fantasía.

Fuimos los primeros

Pero jamás debemos olvidar, y esto tendría que quedar grabado en la memoria de los españoles, que cuando los primeros colonos americanos se atrevieron a adentrarse en aquellas extensas llanuras, miles de rudos castellanos, muchos años antes, habían levantado iglesias, pueblos y ciudades. Sí, todo este territorio del oeste americano fue descubierto y reconocido por los españoles. Y eso no sale en las películas. 

Y fueron los Dragones de Cuera de Nueva España, desde finales del siglo XVI hasta 1821, los encargados de peinar bastas zonas de territorio hostil antes de que la caballería americana pisoteara derechos y corazones. Desde los presidios (aquellos fuertes españoles de adobe con torres artilladas) fueron explorando y dominando colinas, valles, llanuras y desiertos, llegando a comerciar y a intercambiar abalorios con navajos, chiricauhuas, mescaleros, comanches y apaches, antes que nadie. Lógicamente no faltó el enfrentamiento armado ni las peleas, sobre todo por el robo de ganado, hechos propios de aquella época. 

Debemos apuntar que la frontera norte del Virreinato de Nueva España abarcaba desde La Florida hasta California, extendiéndose en una línea de más de 3000 km. Las incursiones de aquellas tribus indias obligaron a la construcción de los presidios. Famosos fueron los de Tucson, Santa Fe, San Francisco o San Antonio de Béjar (donde se encontraba el fuerte del Álamo)

Soldados de presidio

Ciertamente, los misioneros fueron los primeros en establecerse por aquellos lares, alejados de la frontera con la misión de evangelizar, enseñar y curar a los nativos.  Después vinieron los soldados y el resto de los colonos españoles que levantaron los pueblos más antiguos de Norteamérica. Pero eran pocos para tanto territorio, demasiado pocos.  

Y en aquel territorio hostil, extenso y desconocido, los dragones de cuera o soldados de presidio, montaron a caballo con habilidad y combatieron con fiereza demostrando, fehacientemente, de la pasta con la que estaban hechos. Temidos por los indios, los dragones formaban un cuerpo de caballería de élite y su nombre venía de los chalecos largos que usaban, hechos hasta con siete capas de piel, que ofrecían una protección excelente contra las rudimentarias armas de los indios. 

Aparte del uniforme reglamentario, los dragones estaban esquipados con una espada corta (muy útil en el combate cuerpo a cuerpo), una escopeta, dos pistolas, una lanza de caballería y un escudo (adarga ovalada o rodela circular) en el que figuraban los cuarteles de Castilla. También portaban con orgullo las banderas con los cuarteles de Castilla o, incluso, con la cruz de San Andrés. 

El ingreso en los dragones era voluntario y se firmaba por un periodo de 10 años. Desde 1773 a 1781, el 50 % de los dragones eran soldados españoles (peninsulares o criollos). El 37 % eran mestizos o mulatos y el 13 % restante indígenas (Hubo oficiales valones e irlandeses entre sus filas). En cada presidio había una compañía, es decir, un capitán, un teniente, un alférez, un sargento, dos cabos, un capellán y cuarenta soldados, a los que había que sumarles varios rastreadores indios de las tribus aliadas. 

Cabalgando por la frontera

En aquella enorme frontera del imperio español, estos magníficos jinetes se enfrentaban, en pequeñas escaramuzas, contra partidas de indios ladrones de caballo, donde lo más importante era la habilidad y la velocidad. Así, tomando enorme importancia la cabalgadura, cada dragón disponía de 6 caballos y una mula para desarrollar bien su misión y llegar a sitios insospechados

Los dragones eras tropas altamente especializadas y cualificadas, en las que recaía el peso de vigilar la frontera. En 1780 se llegaron a contabilizar 1495 dragones pero lo normal es que fueran 600 de una costa a otra preparados para todo.  Unos pocos jinetes para una frontera de miles de kilómetros. Un imperio por defender y el honor siempre intacto.

Batallas como la del presidio de San Agustín de Tucson (Arizona) en la que, unos pocos jinetes, se enfrentaron contra más de 300 apaches. Una batalla desigual en la hicieron huir a los indios tras varios días fiero combate. O el ataque al gran destacamento de comanches cerca de la localidad de Antón Chico, lográndose una gran victoria que, además de celebrada, dio pie a una composición teatral titulada “Los comanches” muy popular en la frontera en el siglo XVIII y parte del XIX.

Claro que hubo derrotas, sobre todo la de Pedro Villasur y sus cuarenta y cinco dragones, que sucumbieron ante cientos de guerreros Pawnes en Nebraska. Muerto el capitán se formó un circulo alrededor de su cuerpo y allí murieron aquellos valientes, peleando hasta el último suspiro. Una escena digna de una película. ¿Alguien se atreverá?

Héroes de leyenda

Y aquella fue la última derrota serie de los dragones. Personajes como Bernardo de Gálvez que al parecer sirvió en los dragones, junto con Lope de Cuéllar, contra los apaches, Juan Bautista Anza, Pedro Allande y Saabedra o Carlos Fernández dieron valor a los Dragones de Cuera. Jinetes avezados se batieron el cobre y lucharon con valentía bajo la bandera del impero. Defendieron aquella lejana tierra y, bajo su vigilancia, no se perdió ni un palmo de terreno. Momentos para investigar, para escribir y para seguir alimentando esta parte apasionante de nuestra historia.

Y siempre cargaban gritando: ¡Santiago! ¡España!… Según A. Villegas González, “los hombres-magia de las tribus indígenas decían entre susurros que el tótem Santiago de los Dragones era muy poderoso.. que era mejor correr y esconderse cuando los españoles lo llamaban, pues ya no descansarían hasta que la sangre chorrease por sus espadas”. 

A finales del siglo XVIII los dragones empiezan a caer en desuso por la mejora de las armas. Así se crean unidades más ligeras como la Compañía de Volantes, los Húsares de Texas, los cazadores de Nueva Vizcaya o las Compañías de Infantería de Voluntario Catalanes. Historia viva de España.

La leyenda negra ha hecho y está haciendo mucho daño. Las estatuas de Colon son retiradas a destajo en EEUU por genocida y se blanquea el papel del 7ª de Caballería que liquidó en su totalidad a los nativos. Hoy la población indica en América es testimonial pero los malos o lo invisible, visto lo visto en las películas de Hollywood, son los españoles. 

Lejano oeste español

Pero que quede claro una cosa, pese a quien le pese, que los primeros jinetes que se adentraron en el lejano oeste americano, que pactaron o enfrentaron contra los indios (sin llegar a exterminarlos), que contemplaron paisajes indómitos y exploraron llanuras increíbles, fueron españoles, dragones de cuera. Porque gran parte de EEUU fue, hace unos años, parte del imperio español y eso, todavía, escuece a más de uno.

Parece mentira que, con lo poco que éramos los españoles, nos desparramásemos por el Mundo de aquella manera. Para sentirnos orgullosos. Lástima que se venda tan poco y mal.

Ilustro este artículo con el imponente cuadro de Augusto Ferrer Dalmau (Dragón de Cuera) y agradezco los artículos e investigaciones de A. Villegas, Hugo A. Cañete, José A. Cantarero y Rafael Rodrigo Fernández. Para saber más aconsejo leer a estos autores. 

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