Heroínas

La mujer siempre ha tenido un papel determinante en los ejércitos españoles y no solo en las últimas décadas o con la relevancia que ha tenido el nombramiento de Patricia Ortega como la primera mujer General de las Fuerzas Armadas Españolas. No, va más allá pues desde la distancia o en primera línea de batalla, esgrimiendo armas o portando cántaras de agua, has colaborado activamente en el devenir de la contienda e, incluso, han contribuido de manera notable en la victoria.

Los archivos, poco a poco, van arrojando luz sobre mujeres increíbles que participaron en la defensa de la nación: María Pita, Agustina de Aragón, Manuela de Luna, la monja Alférez, Manuela Sancho y otras tantas que merecen un homenaje.  Así las cantineras de la batalla de Bailén en 1808 fueron pieza clave para la victoria final del ejército español. (También en la Guerra de África fueron cruciales) Vituallas, intendencia, correos, almirantes de navío, diestras con la espada y fieras guerreras.  Personajes claves para la historia, mujeres que quedarán en la memoria. 

La primera mujer infante de marina

Hoy me quiero detener en Ana María de Soto, un personaje quizás menos conocido pero que tiene gran importancia.  Fue una gran heroína y la primera mujer infante de marina. Fue conocida como “la soldado estanquera” y era natural de Montilla (Córdoba). Al parecer, según los datos recogidos en su expediente personal, se alistó como soldado en 1793 en la sexta compañía del 11º Batallón de Infantería de Marina, ocultando su identidad puesto que lo hizo bajo el nombre de Antonio María de Soto. En el libro “Por mar y por tierra. Historias marinas y cuentos” aparecen estos datos amén de la única descripción que tenemos de Ana María, “de pelo castaño y ojos pardos”.

El 4 de enero de 1794 se embarcó en la fragata Nuestra Señora de las Mercedes para pasar, a continuación, a la fragata Balbina, de la que desembarcó el 18 de septiembre de 1795. Seguidamente, el 22 de septiembre, se embarcó en la Santa Dorotea, bajo el mando el capitán Manuel Guerrero y Serón. Finalmente, el 26 de enero de 1796 volvió a Nuestra Señora de las Mercedes. Idas y venidas por los mares, buscando aventuras y cumpliendo el deber del buen soldado. 

Así participó en los ataques de Bañuls, en la defensa de Rosas y en la batalla del Cabo de San Vicente contra los ingleses, el 14 de febrero de 1797, que se saldó con la derrota española. A bordo de la fragata Matilde participó en la defensa de Cádiz contra la escuadra inglesa. Valentía, arrojo, honor y sentido del deber para defender el pabellón español y comportarse como una excelente infante de marina. 

La soldado estanquera

El 7 de julio de 1797 fue obligada a desembarcar y licenciada al descubrirse su sexo, durante un examen médico a causa de unas fiebres muy altas. Su caso fue remitido al palacio real para que se le castigase, pero lejos de eso, el rey Carlos IV, al comprobar su valentía, la premió y, mediante un Real Decreto, para que pudiese cuidar de sus padres, le concedió una pensión vitalicia de dos reales de vellón diarios y el grado de sargento, permitiéndole lucir los colores de la marina y las divisas de su rango. También, en 1799, se le concedió la licencia de estanco en su localidad natal, Montilla. 

Ana María de Soto, primera mujer española infante de Marina, murió a los 58 años, el 4 de diciembre de 1833. Una vida apasionante que supuso un hito en la historia de España, un camino valiente, de determinación y audacia para embarcarse en los navíos de guerra que surcan los mares y se enfrentan a los enemigos de la patria. Una figura relevante que merece ser conocida.

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