Lunes, comienzo de una semana larga y ardua, en la que luchamos con todas nuestras fuerzas por superar los agobios, el estrés y las malas noticias de una sociedad invadida por la desgana y los nubarrones. Pero la vida debemos de vivirla y disfrutarla a pesar de los malvados que nos la quieren hacer imposible. Cada minuto cuenta, cada instante, cada suspiro y cada aliento. Nuestras inquietudes giran en torno a esas vivencias que saboreamos con fruición, con intensidad y deleite. Para dos días que estamos en el mundo, no merece la pena pasarlos sufriendo.

 

¿Sabias que la vida tiene dos días donde las personas nada pueden hacer? Uno es el día de ayer y otro, el día de mañana. Sólo podemos vivir el día de hoy: En él podemos amar, soñar, trabajar, entusiasmarnos, caminar, inventar y, sobre todo, disfrutar.

 

Os dejo con pequeño chiste para que os ponga la sonrisa necesaria en estos últimos coletazos del verano. Os deseo un buen día.

 

Sobre abogados y sus testigos

 

Los abogados nunca deben preguntar a los testigos sobre algún tema que no sepan cual será la contestación que recibirán.

 

En un juicio en un pequeño pueblo del sur de los Estados Unidos, el fiscal llamó a su primer testigo; una señora con algunos años.

 

Se acercó a la testigo y le preguntó:

 

  • “¿Sra. Pérez, Usted me conoce?”.

 

Ella respondió:

  •  Por supuesto que te conozco. Te conozco desde que eras niño y, francamente me has desilusionado. Tú mientes, engañas a tu esposa, manipulas a las personas y hablas mal de ellas a sus espaldas. Te crees una gran persona cuando no tienes la inteligencia suficiente ni para ser un barrendero. Si, por supuesto que te conozco.

 

El abogado quedó pasmado sin saber que hacer. Después de pensar un poco señalo al otro extremo de la sala y preguntó:

 

  • ¿Sra. Pérez, conoce Usted al abogado defensor?”.

 Ella contestó:

  • Por supuesto que sí. También conozco al abogado defensor desde que era un niño. Es flojo, tiene problemas con la bebida, no puede tener una
    relación normal con nadie y como abogado no sirve. Ah, además engaña a su esposa con
    tres diferentes mujeres, una de las cuales es su esposa, Sr. Fiscal. Claro que lo conozco.

El abogado defensor quedó en completo estado de shock.

 

El juez, entonces, pidió a ambos abogados que se acercaran al estrado y con voz muy tenue les dijo:

 

  • “Si alguno de los dos se le ocurre preguntarle a la vieja si me conoce, les juro que se pudren en la cárcel”.
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