Verde que te quiero verde

Llega septiembre y mi tierra se viste de verde, mares verdes de olivos por la campiña de los recuerdos, para recoger el fruto del alma, milenario sentimiento que se trastoca en cante jondo, corazón y algarabía, repujando en cada instante un martinete y una seguiriya.

Y en septiembre el verdeo, macaco que recoge la savia, macaco que recoge los sueños, para amalgamar la indulgencia y el carácter de mi pueblo. Verde de verdeo, del verdeo que llevo muy dentro, en la entrañas del ayer, grabadas lentamente a fuego.

Y la Reina se corona en esta fiesta del Verdeo, cada septiembre, en su momento, a finales de verano, para dar comienzo al trasiego que me calma y me excita a esa comunión perfecta del hombre con el campo.

Verde viento, verde rama

Como decía Federico “Verde que te quiero verde, verde viento, verde rama…” y es que el verdeo nos toca con su hálito las entrañas para quedarse encajado en nuestra piel, en nuestras manos y en nuestras plegarias. Pues el verdeo es la esencia de esta tierra, de piel curtida por el sol de la templanza.

Verdeo de fruto milenario, de historia y de andanzas, de surcos en ese mar de olivos y una campiña para navegarla. Verdeo de firme roca, de aceite para adorarla, de una fiesta por excelencia para descubrir de nuevo la gracia. Verdeo que recolecta, en caricias de filigranas, con volantes de amarillo albero y peines de blanco nácar.

Verdeo de verde manto, de verde agua, de macacos que recogen la cosecha que cada año se demanda. Y todo el mundo la espera, en compás de sevillanas para degustar la cadencia de una manzanilla bien templada.  Verdeo de septiembre, de trasiego, de nostalgia, del bullicio por las aceras y las paredes encaladas.

El barco sobre la mar

Verdeo de vista errante y de bancos por las mañanas, de reinas exuberantes y de gordales tempranas. Verdeo de savia nueva y de jardines en la plaza,  de guitarras componiendo poemas en los umbrales de la portada. ¡Ay verdeo de mis entretelas! De compás y de guirnalda, de jarana y de amigos y de espejos en la madrugada.

Y en las casetas de feria, con el brindis en la garganta, el verdeo da comienzo, como el sol en lontananza para festejar el cortejo, para rubricar la alianza, del verde que te quiero verde, del verde de mi bonanza, del verde de mis amores y de los cimientos de mi casa. Arahal es puro verdeo, verdeo de verde alma, verdeo por siempre el verdeo, con la mirada aceitunada.

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