Risas en la habitación

Sonrisas que resuenan en la habitación, volteretas imposibles y palabras imaginadas para lanzar la almohada por los aires ante el estrépito del metal chochando contra el frío suelo.

Todo en derredor es entusiasmo pueril, abrazos por doquier y un pulso por parar el reloj impertinente.

  • ¡Venga, a dormir! –es mi soniquete cada noche- Que ya es hora de descansar. 
  • No, aún no. Queremos seguir jugando. –Siempre la misma respuesta, siempre la misma energía inagotable, inabarcable le.

Cuentos en la noche

Las excusas tiñen las paredes de ecos inocentes y los guiños entre los hermanos, cómplices en el arrebato, lo dicen todo. Aventurado en la escena, para cortar de raíz la acometida, me lazo a por ellos y los achucho una vez más, consumiendo cada minuto como si fuese eterno. Una última batalla en la que termino apretujado y sucumbo ante el peso de los dos. Carcajadas de pasión en la cama de mis delirios, noche eterna y un cansancio que apenas hace mella en aquellas voluntades de hierro. Debo cambiar de estrategia.

  • Un cuento y a dormir, que ya es tarde –lo intento, como último recurso, como un salvavidas
  • Vale, papá.

Y el mayor, voluntarioso y viendo el cariz de mi rostro, adopta una postura responsable y coge un cuento de la estantería. Es hora de calmar el ímpetu y adormilar a las fieras que ni con música se calman.

Con su lectura fluida, poniendo el énfasis justo en las palabras, empieza el relato apetecido y la situación se vuelve plácida por momentos, por instantes contados con deseo. La quietud empieza a acorrucarse entre las sábanas y los ojos empiezan a pesar, después de un día agotador. Parece que todo vuelve a su cause. 

Ya no resuenan en la noche, ya no se escuchan, yo no se sienten… la respiración pausada los acaricia y descansan dispuestos para otra jornada agotadora, entusiasta y vital para disfrutar de su infancia… como niños que son. 

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