Existen

Existen, vaya si existen, ocultos, entre sobras y rincones, pululan atentos a la gente, dispuestos para ayudar, para entregar su corazón y ofrecer su hombro. Existen, yo los he visto, ausentes de miradas, inocentes y melancólicos, vigilantes ante el tropiezo, guardando luces entre las piedras y faros que guían hacia la orilla.

¡Claro que existen! En una sonrisa, en un gesto altruista, en un abrazo amigo, en una madre paciente, en una entrega infinita, en un enfermero amable, en una ocasión manifiesta, en una ilusión dormida, en una caridad ingente y en una caricia repetida. Y cual mariposas inmaculadas, sutiles y mágicas, aparecen de la nada, susurrando al oído o en silencio, mitigando el dolor o dando color al gris de nuestro horizonte. Existen, y son muchos.

Y aparecen y están ahí y socorren y alivian y ayudan. Esperan con paciencia la ocasión, el alboroto de entusiasmo para poner en práctica la acción, para saciar la esperanza y teñir de verde los campos. Calles repletas de cientos de ellos, anónimos, agazapados, inteligentes y caminando. 

Ángeles en las sombras

Existen y a diario lo encontramos. Un apoyo en la acera, un buenos días necesario, una carga a tiempo, un apoyo sincero, un hermano que acude, una brisa que calma o un vaso de agua que calma la sed del sediento. Amparo, amistad, auxilio y consuelo. Están ahí y yo los he visto.

Existen, y son de carne y hueso. Como esos bomberos que ayudan a Benjamín, un niños de Marbella (Málaga) para que acuda al colegio. El pequeño ha sufrido un cáncer en la cabeza y, debido al ello, sufre una parálisis en las piernas. Para colmo vive en un cuarto piso con su madre. Benjamín no podía ir al colegio y gracias a estos ángeles de la guarda, gracias a la generosidad de estos bomberos malagueños, que lo bajan en su silla de ruedas, el chaval puede ir al colegio a diario.

Pero para que este jovencito pueda jugar en el parque, unos jóvenes del gimnasio que hay cerca de su casa, le ayudan a bajar de igual forma para que pueda disfrutar de la brisa y del resto de niños. Desinterés absoluto, entrega máxima, detalle que merece ser destacado.

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¡Claro que existen! Y se ven todos los días. Si estamos atentos los reconoceremos y los veremos reflejados en las buenas acciones, en los pequeños gestos cotidianos, en los pasos del camino. Los ángeles existen y los tenemos muy cerca. Ángeles de la guarda, ángeles que custodia, ángeles que te cuidan, ángeles que te apoyan… ángeles que protegen.

Y esto me llena de entusiasmo y alegría porque jamás perdí la esperanza en el ser humano. Jamás perdía la esperanza.

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