Ser Flexible y resistir

Resistir, adaptarse, resistir y seguir adelante, adaptarse al medio y continuar remando. No queda otra, por muy fuerte que sople el viento, por muy cruento que sea el temporal, por mi dura que sea la pandemia, por mi crudo que sea el horizonte y los sentimientos puncen el cielo de la razón. Resistir el envite, apretar los dientes y seguir avanzando.

En estos tiempos, más que nunca, me ha venido a la mente la fábula del roble y el junco. Un junco flexible, que se adapta a los cambios del viento, que fluye con la corriente, que ve en esa flexibilidad una virtud de integrarse en el ese cambio, en viajar con el tiempo, en vestirse de paciencia y buscar su esperanza. Ese junco que aparece en la canción resistiré que tanto se está escuchando ahora. 

Aquí os dejo la fábula de La Fontaine para que se la saque el mayor partido, para que os adaptéis al tornado que estamos pasando, para que os adaptéis, para que resistáis. Sin vanidad, sin soberbia, tan solo con humildad, ayudando, con solidaridad y siendo flexible al cambio. Mucho ánimo para seguir superando este confinamiento y aprovecho para dar mis condolencias por todos los que han caído, víctimas de este maldito virus. Que en paz descansen. 

EL ROBLE Y EL JUNCO

Cuentan que una vez crecieron juntos un junco y un roble. Al cabo del tiempo el roble se hizo un enorme y engreído árbol que menospreciaba al junco burlándose de esta manera:

 ¡Qué pequeño y débil eres! Ni siquiera tienes ramas y tu tronco no aguantaría ni un cuarto de kilo. Yo, sin embargo, soy grande, tengo poderosas ramas y mi tronco es mil veces más robusto que el tuyo. No sé ni siquiera por qué te hablo.

El junco ni se inmutaba ante tales palabras, mas se entristecía de que su compañero, el roble, estuviese tan pagado de sí mismo.

Un día un tornado arrasó la comarca y mientras que el roble se oponía a la virulencia del aire con todo su vigor, el junco se plegaba. Tan fuerte era el tornado, que terminó arrancando el roble.

Cuando llegó la calma, el junco se mantenía en pie porqué no se opuso frontalmente a la enorme fuerza que les atacaba, sino que la supo eludir, mientras que el roble cayó por creerse invulnerable, terminando por convertirse en leña para los leñadores. Al verlo el junco se decía:

 Tanta vanidad y soberbia ¿de qué te han servido? Tu inflexibilidad ante el tornado te ha llevado a tu propia caída.

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