La toma de Tenochtilan

En 1519 empezó la gran aventura de Hernán Cortés. Tras la inestimable ayuda de sus aliados tlaxaltecas y totonacas, pues Cortés solo disponía de varios cientos de hombres, entre infantes, jinetes, arcabuceros, ballesteros y auxiliares, el 13 de agosto de 1521 tomaba, tras un prolongado asedio, la capital mexica de Tenochtilan. Un hecho trascendental y un choque entre culturas tremendo en pleno siglo XVI.

En aquellas andanzas además de Aguilar, un español retenido por una tribu maya durante ocho años, Cortés contó con la inestimable ayuda de Doña Marina, “La Malinche”. La combinación de ambos fue fundamental para entenderse con los pueblos que se encontraban, cada uno con su idioma, costumbres, sistema social y forma de guerrear.  La Malinche, entregada a los conquistadores españoles como esclava tras la batalla de Centla, fue fundamental en la vida de Cortés, incluso le dio un hijo al que llamó Martín.

Mujeres para la historia

Pero no fue la única mujer que participó en la conquista del imperio mexica, no fue la única que vivió mil aventuras y peligros. En aquel mundo desconocido, donde la muerte pululaba en la espesura del bosque, donde las penalidades se mezclaban con lo exótico, donde el peligro asechaba en las sombras y las batallas se intercalaban con los parlamentos, muchas mujeres fueron protagonistas. No se sabe, a ciencia cierta, cuántas entraron en Tenochtilan con Hernán Cortés pero las fuentes apuntan, aproximadamente, a doce. 

Hoy me quiero detener en una de ellas, en Doña Isabel Rodríguez. Aunque se desconocen muchos detalles de su vida, los cronistas de la época la mencionan, sobre todo Bernal Díaz del Castillo, Francisco Cervantes de Salazar y Juan de Torquemada.

La expedición de Pánfilo de Narváez

Al parecer, igual que algunas mujeres más, Isabel arribó a las costas de la actual México acompañando a su marido, Miguel Rodríguez de Guadalupe, que formaba parte de la expedición mandada por Diego Velázquez, gobernador de Cuba, para apresar a Cortés. Aquella expedición la comandaba Pánfilo de Narváez y fue sorprendida, de noche, por el conquistador extremeño una vez que tuvo noticias. Desbarató los planes de Velázquez. 

Cortés convenció a la mayoría de los expedicionarios para que se unieran a sus huestes y mandó de vuelta a Cuba a Pánfilo. Miguel, el marido de Isabel, fue uno de los que se quedaron con Cortés para vivir aquella gran aventura y ella, dispuesta y capaz, no se quedó de brazos cruzados mientras su marido luchaba. Haciendo acopio de su inteligencia y maña inició una labor asistencial tremenda, atendiendo y curando a múltiples heridos, tanto españoles como sus aliados indígenas. Ejerció de médico de aquellas tropas.

Otros autores

Muchos autores han escrito sobre esta heroína, que lo dio todo para curar a los soldados. Así reflejaba Cervantes de Salazar, en su “Crónica de la Nueva España” (1575), la excelente labor de Doña Isabel como médico de las tropas de Hernán Cortés:

“…como eran tan continuas las refriegas, salían de la una parte y de la otra muchos heridos, de tal manera que no había día que, especialmente de los indios amigos, no saliesen cient heridos, a los cuales una mujer española, que se decía Isabel Rodríguez, lo mejor que ella podía les ataba las heridas y se las sanctiguaba -en el nombre del Padre y del Hijo e del Espíritu Sancto, un solo Dios verdadero, el cual te cure y sane-, y esto no lo hacía arriba de dos veces, e muchas veces no más de una, e acontescía que aunque tuviesen pasados los muslos, iban sanos otro día a pelear argumento grande y prueba de que Dios era con los nuestros, pues por mano de aquella mujer daba salud y esfuerzo a tantos heridos, y porque es cosa que de muchos la supe y de todos conforme, me paresció cosa de no dexarla pasar en silencio”. 

También Hugh Tomas, el gran hispanista, en su obra “La Conquista de México”, nos enseña el papel fundamental que tuvo Isabel Rodríguez en la curación y cuidado experto de las tropas de Hernán Cortés.

Y más recientemente, el escritor y experto en Hernán Cortés, Iván Vélez, en su obra “La Conquista de México, nos ofrece estas palabras sobre nuestra protagonista:

“Mientras los mexicas aprovechaban para entorpecer la circulación de los bergantines, en el campamento español se atendía a los heridos. Allí, entre el rumor de los salmos, las heridas se quemaban con aceite y se entrapajaban. En estas tareas se mostró muy diestro el artillero Juan Catalán, pero también la piadosa Isabel Rodríguez y la mulata Beatriz…”

Médico hasta el final de sus días

Cierto que no conocemos muchos datos más sobre Isabel, pero es bastante para vislumbrar su destreza y su valentía en un mundo nuevo, repleto de peligros. Una medicina primaria para curar heridas y paliar los dolores, una medicina de guerra que fue, poco a poco, mejorando para beneficio de sus pacientes. 

Doña Isabel Rodríguez enviudó y se casó de nuevo, estableciéndose en Tacubaya, donde, según parece, siguió ejerciendo como médico por el resto de su vida. Medicina y aventura, una mujer en vanguardia y una historia para recordar de esta heroína que entró en Tenochtilán el 13 de agosto de 1521 y cuidó, auxilió y curó a las tropas del gran Hernán Cortés.

Otra heroína para la historia de España, otra gran mujer que contribuyó a poner los cimientos de un gran imperio. Hubo muchas más. 

(Gracias a Daniel Arveras por los datos que ofrece en su web y por sus magníficos libros que tanto nos ilustran)