Amanece de nuevo y el sol despunta en el horizonte con más fuerza si cabe. Rayos de luz que renuevan las fuerzas e iluminan el paisaje, indicando el atajo hacia la esperanza. Amanecer de conciencias desveladas que ponen toda su voluntad para ponerse en pie y dejar atrás el luto macilento y gris. Todo pasa, más todo llega y la espera aún persiste en las sienes de la memoria. No puedo correr más por esta senda pues el ritmo es el que es.

Amanecer que invita a la ilusión desde que ponemos el despertador y no tenemos asegurado el ver un nuevo día. Una esperanza en un mañana mejor, repleto de frutos recogidos y metas conquistadas. Y por ello nos afanamos siempre, pese a la tormenta, esperando ese nuevo sol que sacie las ansias de vida. Esperar duele pero no queda más remedio pues el sendero es largo y pedregoso, así que hoy toca levantarse, volver a sonreír mirando al cielo y cultivar la presencia del nuevo yo que te domina. Amanecer en tus venas y el alma en volandas.

Y pensar en el mañana y seguir caminando sin que nadie nos asegure el porvenir: eso es tener esperanza, deseos de una nueva aurora que contemplar, besos que sentir, abrazos que repartir, libros que saborear y romances que aglutinar. Todo comienza con un nuevo amanecer, con un día entero para el acierto y la zozobra, para el entusiasmo y la desgana, para la poesía y el llanto. Todo comienza con ese primer paso tras el fracaso.

Ayer te caíste y no tenías ganas de sonreír. No eres de piedra y ese momento de incertidumbre y dolor está permitido. Hoy, con el azul portentoso del firmamento sobre tus hombros, es otro día y debes comenzar otro proyecto, saber esperar y luchar para que la espera sea fructífera. Nadie dijo que fuese fácil así que disfruta de la ventura que trae la nueva jornada y construye tu historia. Tú eres el protagonista

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