El huracán que todo lo arrastra

Visto y comprobado que nos afecta, y cada vez más, el qué dirán de nosotros si hacemos una cosa o la otra, o tenemos la determinación de hacer nuestro camino. Nos sentimos coartados ante los chismorreos o habladurías de la gente hasta tal punto que no deseamos salir a la calle por algo que se dicen de nosotros, algo que nos señala, que nos pone en la picota o, como es normal y patente en la actualidad, provoca que seamos trending topic en las redes sociales. Nos importa y hacemos caso a simples rumores, sin pararnos a comprobar su veracidad o si realmente nos ayudan en nuestra vida cotidiana. Una senda marcada por las redes sociales de una forma tan bestial que a veces nos olvidamos de lo que realmente es una relación social de verdad o, incluso, funcionar como seres racionales.

Hemos visto vidas quebradas por noticias falsas o bulos sin sentido pero nos hemos dejado llevar por ese huracán de mentiras que engrandece las RRSS. Si crees en el algo y tienes la conciencia tranquila, camina con paso firme, con la cabeza alta y nunca dejes de sonréir aunque te critiquen pues esa crítica vacía no te sirve para nada, ni la escuches, ni hagas caso de la gente que sólo te quiere hacer daño. En la vida actual la envidia puede hacer mucho daño y esas habladurías son fruto de ese sentimiento. No son los rumores los que hacen daño, sino las personas que los creen y actúan llevados por ellos.

Los rumores no hacen daño, lo hacen quienes los creen y actúan en consecuencia Clic para tuitear

Ante los rumores, hazte el sordo

El refranero español está lleno de frases célebres que hacen mención a este tipo de tormentas dialécticas provocadas en los mentideros de la provocación. Verdaderos cotillas que se apropian de las vidas ajenas para construir mentiras o artificios. Uno de los refranes dice así:

  • “Agua que no has de beber, déjala correr”  (Ya sabes, no bebas de esa fuente, es mejor no inmiscuirse y que las cosas sigan su rumbo)
  • “Hacer caso de medios días, habiendo días enteros” (No te conviene pararte en chisme inútiles cuando tienes todo el día por delante)

Y el que más me gusta de todos, el que me enseñó mi abuela cuando era pequeño. En un pueblo, entre chismosos y mirones, debes aprender a defenderte de esas pullas y este refrán es extraordinario:

  • “A palabras necias, oídos sordos” (Hazte el sordo ante esas habladurías)

A palabras necias, oidos sordos Clic para tuitear

No prestes atención a los rumores de la gente, vive tu vida creyendo en lo que haces y con la actitud apropiada para continuar caminando. Y si llega el caso de que quieren contarte algún rumor infundado, para los pies de tu interlocutor y utiliza la reglas de los tres filtros de sócrates. Os cuento una pequeña historia que explica el caso:

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su conocimiento. Un día, un conocido se encontró con el gran filósofo y dijo:

– ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

– Espera un minuto -replicó Sócrates-, antes de decirme cualquier cosa, quisiera que pasaras un pequeño examen. Es llamado el examen del “Triple filtro.”

– ¿Triple filtro?

– ¡Correcto!. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro. El primer filtro es el de la verdad: ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?.

– No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y…

– Bien, entonces realmente no sabes si es cierto o no. Ahora permíteme aplicar el segundo, el filtro de la bondad: ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

-No, por el contrario…

– Entonces -continuó Sócrates-, tú deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Tú puedes aún pasar el examen, porque queda un filtro, el filtro de la utilidad: ¿Será útil para mí lo que vas a decirme de mi amigo?

– No, realmente no.

– Bien -concluyó Sócrates-, ¿si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e incluso no es útil, por qué decírmelo?

Es por eso que Sócrates siempre ganó un alto respeto.

¿Si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e incluso no es útil, por qué decírmelo? Clic para tuitear

 

No rompas la belleza del silencio con falacias infundadas. Sigue tu camino, sin inmiscuirte en el de los demás y nunca pierdas la sonrisa

pixabay

A %d blogueros les gusta esto: